27 septiembre, 2025
Bienestar
El colesterol no es una sustancia que debamos eliminar del organismo. Todo lo contrario. Forma parte de los tejidos, de las membranas de las células del cuerpo humano y se requiere para la producción hormonal.
Sin esta grasa no podríamos vivir. Pero su exceso en la sangre se ha asociado a algunas patologías. Por eso es importante implementar estrategias accesibles que te ayudarán a reducir el colesterol.
Cuando las grasas se hidrogenan, en un proceso químico, se convierten en trans. Esto significa que cambia la conformación espacial de las moléculas.
La industria alimenticia está repleta de grasas trans, ya que sirven al proceso de manufactura de múltiples productos que se venden en los mercados. Las mantecas, por ejemplo, las necesitan para ser estables y sólidas.
Las grasas no son malas en su totalidad. Ciertas propagandas de años le han otorgado un valor negativo a todas y esto no es así por completo.
Las grasas monoinsaturadas podrían tener un efecto beneficioso dentro del organismo humano. Su consumo regular es capaz de reducir el colesterol LDL sanguíneo sin afectar al HDL. Esto sucedería, en parte, porque previenen la oxidación.
La microbiota intestinal, que es el conjunto de microorganismos que viven en el tubo digestivo humano sin afectarnos, puede reducir la oxidación de las grasas. Pero para eso necesitamos que estas bacterias estén bien.
El consumo de fibra soluble estimula la proliferación saludable de la microbiota. Pero no solo eso. También retrasa la absorción de algunas sustancias para que no pasen de inmediato a la sangre y mejora el efecto de las estatinas que se prescriben a las personas con colesterol elevado.
El omega 3 es un tipo de grasa poliinsaturada. Diversas investigaciones en los últimos años lo asocian a una menor incidencia de enfermedad cardiovascular, pues reduciría el colesterol LDL en la sangre.