En esta etapa, más que hacer dietas estrictas, es importante adoptar una alimentación equilibrada. Por aquí te dejo algunos consejos clave:
- Aumentar el consumo de vegetales y frutas frescas (ricos en fibra y antioxidantes). Estos deben constituir la base de nuestra alimentación.
- Elegir proteínas magras: huevo, pollo, pescado, legumbres…
- Reducir azúcares añadidos y harinas refinadas (pan blanco, dulces, snacks).
- Incluir grasas saludables: aceite de oliva, nueces, aguacate (en porciones).
- Controlar las porciones, ya que el requerimiento calórico suele ser menor.
- ¡No olvidar beber agua suficiente!
Y que no se debe comer...
Más que evitar, hay que reducir ciertos alimentos que pueden alterar nuestro apetito, o que contienen gran cantidad de calorías sin aportar saciedad:
- Dulces y bollería
- Fritos, rebozados, precocinados…
- Snacks salados (patatas fritas, frutos secos fritos…)
- Alcohol: tiene calorías vacías, además, puede alterar el metabolismo